¡Escucha el «tren de texas»!

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miércoles, 1 de febrero de 2012

Un sábado multicultural

El viernes pasado anduvimos deambulando, otra vez, por Houston. Primero aprovechamos para ir a darnos de alta como residentes en el Consulado de España. Así que ya, oficialmente, somos residentes en los U.S.A. (repetid con orgullo: ¡¡u-ese-a, u-ese-a, u-ese-a!!  No puedo evitarlo: cada vez que veo u oigo la palabra «U.S.A.», mi mente grita «¡¡u-ese-a, u-ese-a, u-ese-a!!»). Ejem. Dejémonos de chorradas.

McUSA.
Aprovechamos también para ver casas y dar una vuelta por los barrios. Estuvimos paseando bastante por los Houston Heights (la zona W.A.S.P., es decir: blancos con pasta), donde se ven unas casas que ni las mansiones sureñas de Lo que el viento se llevó. Hasta ahora, la zona de Westheimer-Richmond va ganando: se ve más vidilla en sus calles (y un sospechoso alto número de sitios de tatuaje). Es una zona con un rollo malasañero/modernito, pero si quieres vida en la calle (y aceras para pasear) es lo que hay. Recordad: en Houston no hay aceras.

Casoplones en Houston Heights.
O ssea, ya ssabess... como lass de Lo que el viento sse llevó.
Volvimos a las Woodlands a tiempo para un par de cervecitas y dejar en el bar solos a los americanos del trabajo de Sofi, que tenían ganas de karaoke. Yuyu.

El sábado amanecimos para acercarnos a Chinatown, porque eran las celebraciones oficiales del año nuevo chino (que fue el martes). ¡Feliz año del dragón a todo el mundo! El año pasado nos pilló en Nueva York y pasamos una mañana muy entretenida en Chinatown, viendo a las comparsas con sus dragones haciendo sus ofrendas y bailes en todas las tiendas del barrio. Así que este año pensábamos repetir la jugada.

Pero cuando llegamos al Chinatown de Houston la cosa fue otra. Lo primero que se ve son las carpas de los patrocinadores. Un rollo. Que si Xfinity, que si Comcast, que si bla, bla, bla. Todos los puestos con comerciales chino-americanos, por supuesto. Sólo faltaba el McDonnald's.


Entramos al pabellón de convenciones siguiendo a un dragón y nos encontramos con un espectáculo (muy amateur todo) de danzas tradicionales y folclore variado, con entreactos en los que las personalidades (los politicastros de turno) daban un discurso. Por cierto, en EE.UU., por lo que llevamos visto, todas las celebraciones son así. Puaj. Dimos una vuelta por el centro y en diez minutos ya estaba todo visto. Lo único que podíamos hacer era comer algo, y como no teníamos hambre, dimos por finalizada la operación año nuevo chino. Menudo fracaso.

 
Lo mejor eran los dragones.
Lamentablemente casi no vimos el espectáculo de la danza del dragón.
Después bajamos a la zona de Westheimer-Richmond para echarle un ojo a un par de tiendas de cómics y discos que teníamos localizadas. Por cierto, Westheimer Rd. es una «calle» de unas diez millas de largo (¡!). Llegamos desde Chinatown hasta el centro siguiendo la calle. Entre medias, puedes encontrarte ovnis y todo:

Ovni en el cruce de Westheimer con Sage.
La tienda de cómics resultó ser una librería de libros guays, como de estudiantes progres multiculturales de escuela de arte. Ya sabéis, muchos fanzines de arte y libros sobre Black Power y punk-rock. Estuve hojeando una traducción inglesa de La sociedad del espectáculo de Guy Debord. Intenté leer un poco, pero todavía no tengo un nivel de inglés como para leer filosofía política sin que me de dolor de cabeza. Por cierto, fue un aviso de lo que vendría luego.

Estuvimos paseando y buscando un sitio para comer. Nos hizo tilín uno que anunciaba «cocina mediterránea», lo que aquí significa cocina griega y turca: gyros, kebap, faláfel y hummus. Por cierto, mucho más ricos que en Madrid. Mi faláfel llevaba salsa de yogur y tahína, cebolla cruda, olivas y pepinillos. A años luz de la porquería de tomate/lechuga/salsa picante de los Dönner Kebabs. Y el hummus estaba realmente rico. Me gusta más el que hago yo, pero era mejor que los preparados que he visto y probado por madriles. Un acierto.

Haciendo tiempo para la noche (teníamos un plan, pero mantendré el suspense un poco más), bajamos un poco al sur para inspeccionar un par de tiendas de discos que tenía marcadas. Cactus Music estaba bastante bien, aunque era tirando a cara (por ejemplo, el DVD Twenty de Pearl Jam a 22 dólares). Tenían una buena oferta de vinilos de segunda mano, muchos de ellos a precios razonables (por ejemplo, el Younger than Yestarday de the Byrds a 7 dólares). También tenían una serie de camisetas de diseño propio la mar de molonas, y un escenario para conciertos pequeños. Muy buena pinta. Incluso nos han contado que de vez en cuando hay exposiciones del cartelista original de los Doors, que vive por aquí y se está quedando ciego, el pobre.

Esta foto la hemos sacado de aquí.
Luego bajamos un par de manzanas a Black Dog Records. Esta era la clásica de vinilos de segunda mano. Los precios eran tirando a razonables, con alguna que otra clavada. No tenían mucho punk (los de Dead Kennedys que tenían eran reediciones), que es lo que ando buscando ahora, pero vi el Saved y el Shot of Love de Dylan a precios módicos (en torno a 10 dólares). No me compré nada, pero acabarán cayendo; en contra de la opinión mayoritaria, a mí la etapa cristiana de Dylan me parece muy interesante.

Después de salir de las tiendas con las manos en los bolsillos (qué duro es; pero sólo fuimos a chequear, no a gastar) volvimos hacia downtown para el plan de la noche: en el curro de Sofi nos habían dado entradas para el partido de los Houston Rockets, el equipo local de la NBA. Más que deporte, aquello es espectáculo puro y duro. Mercadotecnia por los cuatro costados. Como hemos visto ya en la tele. Salen las animadoras, hacen su numerito, salen los jugadores visitantes (ni caso), la mascota (un oso) haciendo el ganso y animando al personal. Hasta que se apagan las luces y van presentando a los jugadores locales. Puedes saber quien es la estrella por la intensidad de los aplausos. Creo que el que más mola ahora es un argentino llamado Luis Scola.

Saliendo el equipo local (y las animadoras en las bandas).
Las entradas, por cierto, eran de palco privado, ocupado por el grupo de Sofi. Además de ver el partido, puedes ponerte hasta el tranchete de comida y bebida: refrescos, cervezas, agua, una zona caliente para hacerte tus tacos y varias salsas para mojar los nachos o las palomitas, fruta pelada y cortada, dulces, carrito de postres... Todo gratis para el usuario. Y con camarero incluido.

Nada más comenzado el primer cuarto, aparecieron en el palco dos chicas vestidas de animadoras para hacerse fotos con el personal. Sonrisas mil y extrema simpatía (¡como me gusta ser una mujer objeto!) mientras el profuso babeo masculino encharcaba el suelo.

Cada tiempo muerto: más espectáculo. Además de las animadoras había concursos (en plan «encesta 5 tiros libres en menos de treinta segundos y gana un viaje a París» y otros similares), personalidades que bajaban a hacerse la foto, bailes varios, majoretes, percusionistas... Muy U.S.A. todo.


¿El partido? Pues jugaron contra los New York Knicks y ganaron por paliza. Pero el juego, ya os digo, es lo de menos.

¿Lo mejor? Pues que nos dieron al entrar un par de esas manos de espuma que se ven por la tele:

Lo mejor del espectáculo: las manos de espuma.
¡Ay, Debord, cuánta razón tenías!

martes, 17 de enero de 2012

Domingo en Big Creek Scenic Area

¡Por fin! ¡Albricias! ¡Encontramos al entrada este del Sam Houston National Forest!

Hay que decir que el otro día íbamos bien (por la derecha, si lo recordáis), nos faltó seguir unas diez millas más. Casi llegando a Coldspring, TX, por la TX 150 aparece la FM 2025, que lleva a Cleveland, TX (el que os suena no es éste, es la capital de Ohio). Siguiendo unas millas por la 2025, enseguida aparecen pistas para dos áreas recreativas: Double Lake Recreation Area y Big Creek Scenic Area. Nos decidimos por la segunda porque es más de senderismo; la primera tiene un camping, lagos donde hacer piragüismo y pistas de ciclismo, un rollo muy de dominguero, por decirlo de alguna manera.

Nos costó encontrar la pista FS 217 que lleva a los aparcamientos de Big Creek, pero lo conseguimos. Aparcamos y nos pusimos en faena, pertrechados con agua, emparedados, cámaras y unas recién compradas navajas suizas (que en Texas no llegan ni a la categoría de arma blanca). Según el letrero indicativo de la entrada, existe una muy variada fauna, incluyendo cabezas de cobre (una víbora venenosa, aunque no mortal), nutrias, armadillos y gatos monteses.

Mucho prometer para luego nada...
Por supuesto, mucho ruido y pocas nueces; de fauna no vimos nada de nada, sólo una cría de Homo sapiens, guiada por su paciente progenitor (ambos con camisetas de los Texans), que berreaba como si fuese el último niño sobre la faz de la tierra. «Adiós a nuestro paseo en la tranquilidad de la naturaleza», pensábamos. El ejemplar adulto debió darse cuenta de nuestra exasperación, porque nos balbuceó un «no vamos a ir muy lejos», como diciéndonos «tranquilos que ya se calla». Promesa cumplida: a la segunda bifurcación ya les habíamos perdido el rastro.

Justo cuando perdimos de vista al adulto y la cría de Homo sapiens, nos empezó a seguir un nuevo amiguito, mucho más agradable y callado:

 

¿Quién dijo aquello de «cuanto más conozco al hombre más amo a mi perro»? Pues eso. Por lo guapo que era y por su pelaje blanco, que parecían canitas sexys, decidimos llamarlo Clooney. Ya sabéis, por George.


Y así, acompañados por Clooney pudimos disfrutar de un paseo en completa tranquilidad. De fauna, ya hemos dicho que nada. De flora, pues muy similar a la Reserva Natural de George Mitchell que visitamos la semana pasada: mucho pino y roble (pirenaico de agua, que ya vimos, y blanco americano). No vimos nada de hiedra venenosa, que se supone también había. Es una planta trepadora bastante peligrosa, y los nativos tienen una regla nemotécnica para acordarse de ella: «Leaves of three, leave it be», que significa algo como «hojas de tres puntas, déjalas en paz». Prefiero la traducción de los Simpson, la que Marge les recita a Bart y Lisa cuando van a partir al Campamento Krusty: «Y recordad, hijos: hojas de tres puntas, no se ajuntan». «Y de cuatro puntas, en pan las untas, je, je, je», responde Homer.

Jo, qué alto es todo aquí...
Como podéis ver, el espectáculo es muy similar al del George Mitchell pero mucho más majestuoso. El aspecto en general es más salvaje, con las pistas más desdibujadas (y aún así muy bien señalizadas) y más agua a la vista, no en vano la zona se llama Big Creek (el gran arroyo). Ayudaba además que el día estaba despejado y con una luz oblicua muy anaranjada, similar a la del atardecer (a pesar de ser las cerca de las 15:00), que magnificaba el espectáculo de los tonos ocres de las hojas caídas de los robles.


Lo malo es que el recorrido eran apenas tres millas. Terminamos prontito y al volver al aparcamiento comenzamos a oír un ruido monótono y repetitivo que nos costó reconocer, hasta que Sofi decidió que eran ladridos. En efecto, allí había un perro apostado bajo un árbol y que ladraba desesperadamente (Clooney se unió gustoso, aunque fue mucho menos desagradable; era más majo):

Te veooooo...
Por esto ladraba, el muy tunante:

¡Socorroooo!
Había un gatito atrapado en unas ramas, con cara de no gustarle cómo pintaba la cosa. Miré a ver si había forma de subirme a por el gato, pero estaba muy alto y era un árbol muy pelado; no podía subir. Además, tampoco sabía si se pondría histérico y empezaría a arañarme; ni siquiera sabíamos si era doméstico o no (pinta tenía, desde luego). Así que ahí lo dejamos, al pobre; y lo peor de todo fue que también tuvimos que dejar a Clooney. Pensamos que estaba perdido, porque cuando nos montamos al coche el pobrecito nos seguía. Estuvimos a un tris de llevárnoslo, pero en nuestros apartamentos no se admiten mascotas y tampoco estábamos seguros de si sería de alguna granja de los alrededores. Qué penita. Esa noche dormí mal y todo pensando en el pobrecito...

Luego volvimos por Coldspring, TX para volver a la zona de Double Lake, que está a cuatro millas de Big Creek, donde paramos para comernos los emparedados.

Coldspring, TX: cosas que se ven por la carretera.
Double Lake: no son dos lagos, simplemente uno que se llama así.
Allí, comiendo tranquilamente, vimos más bichos que durante nuestro paseo en Big Creek:

Una simpática ardilla
(aunque aquí están consideradas como en Madrid las ratas o las palomas)...
... un tétrico cuervo...
... y una tortuguita a la deriva en el lago.
Luego, de vuelta a las Woodlands. Tomamos un camino distinto, yendo de Coldspring a Cleveland, TX por la FR 2025 y de Cleveland a Conroe, TX por la TX 105. Y de allí, se toma la I-45 en dirección sur hasta las Woodlands. En Cleveland nos liamos un poco, pero eso nos permitió dar una vuelta en una gasolinera y ver al cowboy más auténtico de cuantos nos hemos cruzado hasta ahora. Lo tenía todo; camisa blanca impoluta y almidonada, chaleco vaquero con bordados, pantalones vaqueros, botas de las buenas y un sombrero que quitaba el hipo. Por supuesto, estaba llenando el tanque de una pick-up (la típica camioneta de las pelis). Lo malo es que no pudimos hacerle una foto, que nos estaba mirando en ese momento. Eso sí que es fauna pintoresca. Ya le echaremos el lazo a otro.

lunes, 16 de enero de 2012

Fin de semana en el coche (otra vez)

Con el primer viernes libre de Sofi, decidimos tirar a la carretera otra vez, esta vez en busca de unas buenas botas para hacer senderismo. Después de estar toda la mañana del viernes de un banco a otro buscando información sobre tipos de cuentas y tal, nos echamos a la carretera en busca de un Rei, una tienda de deportes tipo Decathlon. Teníamos la dirección, estaba en la Tomball pkwy, lo que nos hizo suponer que estaba en el pueblo de Tomball o en los malls de sus afueras. Llegamos a Tomball  cómodamente, gracias a nuestro flamante nuevo mapa de carreteras, pero ni rastro de la Tomball pkwy. Después de dar muchas vueltas, de parar a repostar y preguntar infructuosamente en comercios varios, nos dijeron que la Tomball pkwy era una que en el mapa y las señales aparecía con otro nombre. Así cualquiera la encuentra. Recorrimos la carretera de marras pero ni rastro del Rei. Pues nada, media vuelta. Luego nos enteramos de que, efectivamente, estaba en la carretera, pero unas 15 millas más allá de Tomball. Pues qué bien.

Por lo menos vimos un sitio de donuts parecido al de Mars Attacks.
Decidimos entonces enfilar hacia varios outlets (tiendas de saldos) a los que teníamos echado el ojo. Ya que aquí todo es tirando a carete, que mejor que irte a un outlet a buscar cosas de ocasión. Gracias a nuestro mapa, lo encontramos todo muy bien. Lo primero que nos asombró fue, claro, el tamaño. Como todo en Texas: a lo bestia. Y allí, por fin, pude comprarme unas botas Columbia por 64,94 $ (tasas incluidas): una ganga.

El Houston Premium Outlets (una de sus cuatro calles).
Los Factorys de Madrid son para pringaos...
Esta es una tienda del Katty Mills Outlets.
Imaginaos el centro comercial más grande que hayáis visto
(incluido el Houston Premium Outlets) y multiplicarlo por diez.
En una tienda de recuerdos del Katty Mills vimos esta camiseta. Si no fuese porque va en serio me reiría y todo:

Texas no deja de sorprendernos.
(Traduzco: es algo de Texas; no llamamos al 091.)
El sábado fuimos a Houston a mirar las zonas por las que nos habían ofrecido casas. La mayoría estaban por los Houston Heights (zona de pasta) y por la zona alrededor de la Rice University (zona de más pasta). Por los Heights vimos varias casas que nos gustaron, y lo mejor es que no están en la zona de los ricos, sino en barrios residenciales de clase media, y muy cerca (como para poder ir andando) del Farmers' Market Caninos, que abre todos los días. En la Rice vimos una que no estaba mal, pero el barrio da bastante grimita, tan lleno de mansionazas como las de Tony Soprano y con un claro ambiente pijil. Ya veremos, pues.

Un mercadillo casero de los que abundan por aquí.
Después fuimos hacia un Rei, para sacarnos la espinita del viernes, y al llegar nos decepcionó un poco. Pequeño (para cómo son aquí las tiendas) y caro. Como un Decathlon de la Moraleja Green, para entendernos.

Lo bueno es que allí nos encontramos a unos compañeros del curro de Sofi; la noche se animó y salimos por el downtown (el centro: uno de los dos centros de Houston) a cenar y tomar unas birras; que hay que ir acostumbrándose a los elixires americanos, qué demonios.

Hay que añadir que el sábado no nos perdimos ni una vez; gracias al mapa y al Google Earth (que llevábamos en el Netbook; a partir de ahora miniPCcito) recorrimos Houston sin problemas de un lado a otro, sabiendo en todo momento dónde nos encontrábamos. Bueno, hasta el final de la noche. Perdimos un momento la salida a la I-45 y acabamos dando vueltas hasta que nos iluminó un enorme foco: en efecto, un coche de policía (dos, para ser exactos). Nos extrañó que no nos dijesen lo de «pare el motor y ponga las manos en el volante» o algo por el estilo. El sheriff se acercó, nos pidió la licencia de conducir y fue a comprobar datos. Luego, libres ya de sospecha, nos indicó la salida. Tuvimos que dar una par de vueltas más, porque las señales de tráfico en Houston (bueno, en todo el Texas que conocemos) son bastante malas y pequeñas: es muy fácil saltárselas. Menos mal que el coche lo llevaba Sofi (debido a mis tres cervezas en el buche), porque si lo llevo yo entro en pánico.

Por cierto: llenar el depósito sale a 28 euros.

miércoles, 11 de enero de 2012

Fin de semana on the road (y II)

¿Ya os hemos dicho que the Woodlands es un pueblo aburridísimo? Nos ha llevado menos de una semana el comprobarlo. Aquí no hay nada que hacer, excepto pasear por los alrededores o visitar el Mall (o sea, el centro comercial), que después del football es el deporte nacional. Así que aquí ni de derechas ni de izquierdas. Todos son de centro; de centro comercial (como cantaban los Lendakaris Muertos). Así que el domingo decidimos ir a visitar algo y así mover el culo un poco.

Empezamos visitando la George Mitchell Nature Preserve, que está en las Woodlands. Pensábamos que podríamos caminar por los 12000 acres de bosque que anuncian, pero la verdad es que lo visitable son un par de pistas preparadas para caminar y montar en bici. En un par de horas recorres la milla y media (algo más de dos kilómetros) que dura el camino. Menudo chasco, con lo que nos costó encontrar la entrada (que está casi oculta y para nada señalizada, para variar, por cierto).

El paseo en sí es bastante agradable, aunque entre que es invierno y muchos árboles han perdido el follaje, y que el día amaneció nublado y con altas probabilidades de lluvia, la reserva se veía un tanto deslucida, tanto que parecía un decorado de The Blair Witch Project, o quizá de Parque Jurásico.

¿Estará la bruja de Blair por los alrededores?
Creo que un velociraptor nos acecha desde dentro de ese tronco...
Eso sí, cuando aparecía el sol el bosque se iluminaba y se intuía el increíble espectáculo que debe ser en otoño, con todos los tonos de amarillos, ocres, rojos y verdes imaginables.

Cuando llega la luz el espectáculo es majestuoso.
Una autofoto, que nunca salimos los dos juntos.
Para los botánicos (es decir, para Albértin) decir que el bosque está formado sobre todo por pinos amarillos, robles pirenaicos robles de agua y liquidámbares y sicómoros americanos, aunque también abundaban los cipreses calvos y los carpes y callicarpas (con sus gumibayas) americanos. Todo esto lo sabemos porque sacamos fotos a los cartelitos que había, no os vayáis a pensar que somos unos hachas de la botánica, que uno es bio- (pero sólo a medias) y la otra geo-. Es decir, cero en botánica (bueno, pinos y robles sí que los supimos detectar, hasta ahí llegamos).

¡Gumibayas! ¡Y son comestibles (no las probamos)!
Tréboles: lo de la izquierda es una patata pringle, para que os hagáis una idea de su tamaño...
En medio de la ruta hay un pequeño lago (el Bedlas Lake) con sitios para sentarse y descansar (¿quizá del agotador camino que puede hacer hasta un niño de cinco años sin despeinarse?). Pasado el lago decidimos salirnos del camino marcado y aventurarnos un poco por la reserva. Cruzamos el arroyuelo que alimenta el lago y encontramos con que no éramos pioneros, precisamente. Vimos una fogata con restos de botellón (sí, en Texas también hay cerdos del género Homo) y una plataforma en un carpe (creo), con mucha basura alrededor. Por supuesto me subí en el acto por hacer el mónguer un rato. Nota mental: la próxima vez llevaremos bolsas para recoger un poco la m**rd* que dejan los amables excursionistas.

 

Visto que en la reserva no nos daba ni para dos horas, menos aún para pasar el día, decidimos salir de las Woodlands y poner rumbo hacia el Sam Houston National Forest, el bosque nacional más grande del estado, recorriendo la I-45 dirección norte. A la altura de New Waverly dejamos la autopista y tomamos la Texas 150 para intentar encontrar la entrada al Sam Houston. Deberíais ver New Waverly. Es lo que te imaginas cuando piensas en un poblacho tejano: casas bajas de madera, muchas con encanto, muchas que parecían sacadas de la Matanza de Texas, comercios destartalados, coches que parecían aparcados de cualquier manera, un carromato (¡un carromato!) y una panda de moteros malotes repostando en la gasolinera del lugar.

¿Esperando a que aparezca Clint Eastwood?
Decidimos seguir la 150 en dirección este, hacia Coldspring, TX. Condujimos varias millas, buscando la entrada al parque. Sólo veíamos fincas particulares a uno y otro lado de la calzada, con sus buzones y todo. Vimos de todo, casuchas miserables, casas peripuestísimas, iglesias y congregaciones varias, camiones abandonados, basura... En general parecía una zona bastante deprimida, muchos negros (¡con petos!) y gente pobre, en general. Todos se giraban y saludaban a los coches que pasaban. Cuando nos cansamos, decidimos que era el momento de buscar un sitio para comer y regresar por donde habíamos venido.

El buzón más molón de la TX-150. Aquí dimos media vuelta.
Y como no había merenderos ni nada que se le pareciese, decidimos parar en el arcén, cuidándonos de no estar enfrente de ninguna casa (a ver si nos iban a venir con lo de la propiedad privada escopeta en mano), y tomar nuestro refrigerio al abrigo del maletero del coche. Ya os dijimos que era grande. Sofi, un sándwich turkey (o sea, de pavo), yo de tofurky (en serio, se llama así. Ya he encontrado tofuchichas la mar de jugosas y fiambre y bacon de mentira; eso sí, ni rastro de soja o de seitán por ningún lado).

Y aquí fue donde paramos.
Nos veo haciendo esto a menudo...
Tenemos que confesar que esto nos pasó por listos; al llegar a New Waverly vimos claramente un cartel en una intersección que indicaba «Sam Houston Information House» a la izquierda. Pero como somos así de inteligentes, decidimos pasar: «será sólo el centro de información, la entrada estará por la derecha», nos dijimos. Pues no, claro. Así que después de comer, al llegar al pueblo pensamos que era una buena idea seguir la señal y llegamos así cómodamente a la entrada al parque. Pero como era tarde y cobraban cinco pavos por entrar, decidimos dejarlo para otro día y aprovecharlo entero.

Nota mental: seguir siempre las indicaciones.

martes, 10 de enero de 2012

Fin de semana on the road (I)

Todavía no os hemos enseñado el coche que nos han dado. Hoy toca. Es un Kia Sportage de 2010, que en España sería un carraco (Sofi cabe cómodamente en el maletero, como podéis comprobar abajo), pero aquí, en Texas, es un coche más bien normalito.


Aunque yo hubiese preferido uno como este, más grande y más molón (estilo Cañonerou):

Mucho más molón, es cuestión de hacerle un tunning estilo MTV.

Después de dar un par de vueltas con él por los Woodlands, decidimos probarlo en carretera de verdad, así que el sábado pusimos rumbo a Houston por la autopista I-45. Yo lo llevé de ida y Sofi de vuelta, aquí la podéis ver emocionada con su coche grande:

Coche grandeee, mi tesssooooro
No hay nada mejor que conducir con un poco de country trash. Puse el reproductor con Bob Wayne a toda pastilla mientras conducíamos directos a Houston, pasando al lado de camioneros, moteros y gentes de todo tipo de calañas.



Y aunque no sabíamos el límite de velocidad (cierto, y sin mirar Wikipedia, ¿lo sabéis alguno?) lo respetamos fijándonos en los otros coches. Mucho tráfico en la I-45 este sábado: era día de football y jugaban los Texans, el equipo local. Recordad el espectáculo folclórico de la final del mundial: coches con banderas en las ventanillas, hordas vistiendo la camiseta de la selección... pues lo mismo pero en Texans. Y sin ser final, ¡que sólo era un partido más!

La primera parada fue el Farmers' Market Canino (que se llama así, no me invento nada: pensamos rápidamente en los Mordors/Caninos). En EE.UU., los Farmers' Markets son mercados donde los productores venden directamente su género, sin pasar por intermediarios. El aspecto es como el de un mercadillo español:


Como en todos lados, comprar sin intermediarios supone el que te ahorras una pasta. En el H-E-B (el hipermercado que tenemos en los Woodlands, que viene a ser como un Carrefour), los precios de las frutas frescas son exorbitantes. Por ejemplo, una cebolla vale entre 77 ¢ y 2 $ la libra (que es menos de medio kilo). Y un pimiento (verde, rojo o amarillo) entre 1 y 1,50 $ la unidad. En el Farmers' Market es más barato, aunque tampoco es la panacea: todo es mucho más caro que en España, pero por lo menos no te arruinas para poder comer una ensalada. Compramos todo esto (¡por cierto, es nuestra primera compra en la que nos dan bolsas de papel!) por menos de 20 $. En Madrid probablemente hubiese rondado los 10 €, pero en un hiper de aquí nos hubiese costado unos 30 $:

¡Verduritas ricas y «baratas»!
Los precios en el H-E-B.

Después de esto sopesamos seriamente el ponernos un huerto en la casa a la que nos mudemos.

Después de comprar la verdura y el pan en una panadería que había enfrente (y que con sólo entrar se te disparaban los niveles de azúcar y colesterol), fuimos al Ikea de Houston a comprar enseres para la casa. Normalmente lo compraríamos en un chino, pero aquí no gastan de esos. Así que la cosa queda entre Ikea y un Marshalls, por lo que fuimos a comparar precios (todavía no conocíamos el Bed, Bath, and Beyond, que es más barato que los otros dos).

Después de hacer unas compras fuimos al downtown a pasear un poco y comer algo. Andando por Central Houston nos encontramos con que Eduardo Manostijeras había pasado por allí. Entre las muchas esculturas vimos un poni, con lo que pensamos rápidamente en el Paseo en Poni de Belén:


Luego vuelta a casa, previo paso por Frys (donde cayó el primer disco: el Grinderman 2 ¡a sólo 6 $!) y el Bed, Bath, and Beyond, con el dependiente (uno de muchos) vistiendo la camiseta de los Texans. Si Karlos se quejaba de que estaba harto de ver camisetas del Barça en su trabajo debería venir aquí. Y cenamos tan ricamente un poco de brócoli recién comprado en el Farmers'. ¡Y tan a gusto, oigan!